Al llegar…
Cuando estás viajando y llegas a un nuevo lugar, algo bastante extraño ocurre. Las expectativas que uno trae, por mínimas que sean, comienzan a confrontar la realidad. Nuestra mente intenta asimilar el nuevo sitio tratando de encasillarlo en alguna especie de categoría, sin poder dejar de compararlo con lugares antes visitados.
Dificilmente llegue uno a sentirse a gusto el primer día de estancia en aquel sitio desconocido. Uno querrá recorrerlo, hablar con los lugareños, encontrar sitios bonitos, entender la dinámica del lugar, pero rara vez lo logrará ese día.
Aclaremos tambien que hay sitios mucho mas fáciles de digerir que otros. Lugares más “abiertos” y “cómodos” por decirlo de alguna manera. Otros oponen mayor resistencia, necesitan ser vividos un poco más para ser penetrados.
Creo que el atardecer es el momento de conexión en donde uno puede por fin abrirse, dejar de juzgar la nueva morada y hacerse uno con ella. Abrir otra vez el corazón y poder sentir, una vez más, un lugar como propio.
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